Inicio > Post > “Los Ángeles de Antares”, por Andrés Mínguez
"Ángeles Antares"

Hoy es 22 de diciembre, todos hablan de la lotería, antes de salir el 13, de lo que harían si les tocaba, después de salir el 13, de lo que habrían hecho si les hubiese tocado.

“Yo no hablaba. Yo solo pedía que el año que viene no fuese peor que este, que la lotería ya me toca los martes y los miércoles.

“Soy voluntario de Antares y los hados de la lotería son unos aprendices comparados con los ángeles de Antares”.

 

En Antares hay dos tipos de ángeles, unos que vuelan bajo y otros que sonríen y dan cariño. María, Diori, Héctor, Gema, Roberto, Nieves, Mar y tantos otros son ángeles que vuelan bajo, y vuelan bien. Muy bien, y mucho. No hacen ruido, no se chocan con nadie, no polucionan, transmiten cariño y afecto. Son extraordinarios.

Pero yo prefiero a los otros, a los ángeles que sonríen.

Y ahora me quedo sin palabras. Se me pone una expresión de alegría en la cara y me parece que me he enganchado en una nube que ellos han movido con sus alas y no me quiero bajar de ella, por si tengo la suerte que con su alita vuelvan a tocarla y me pueda llevar un poco de la energía y del cariño que ellos transmiten.

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La verdad es que no se quien dio con su alita, si fue Peri  o Santi. Quizá fuese Lorena o Carlos . Es igual, seguro que en alguna nube han tocado y están transmitiendo cariño y amor.

Yo este año no he pensado ni un momento en la lotería. La lotería me tocó cuando me decidí a solicitar colaborar con Antares, como voluntario, el pasado verano. Ese día si me toco la lotería.

Nadie me puede quitar la satisfacción de respirar el aire que mueven las alas de los ángeles que sonríen. Me dan la energía que se va gastando después de levantarte a las 6 de la mañana y pelear con papeles todo el día. Después de soportar atascos y humos, y malos humos.

Después de todo esto se abre el cielo. Te sonríen los ángeles, los ángeles que  sonríen.

Con ellos el tiempo pasa de otra forma; más rápido, más intenso. Todo son sensaciones, gestos, miradas, trabajo, entrega. Te integras con los ángeles, los intentas entender, pero no es fácil, están en un cielo muy por encima del nuestro, pero no desesperas. Les hablas, les cantas, les motivas. Te sonríen, te entienden, te muestran su profundo cariño y te sientes bien. Una sonrisa, una sola sonrisa, un abrazo, un beso es un tesoro que guardo en mi interior como el bien más preciado y te compensa todo.

Cuando los ángeles que sonríen se van a sus casas, no queda un vacío porque te han llenado tanto que te queda energía para rato y la alimentas con el recuerdo del aleteo de las alas de Bárbara o de David, revivo mis recuerdos y vuelvo a ver como volaba Marta y como Gema te regalaba una sonrisa de ángel.

Y el tiempo vuelve a pasar de  forma diferente y se hace lento, pesado, y se llena de miserias y de egoísmos, de intereses. Sólo si te encuentras con algún ángel de los que vuelan bajo y compartes algún recuerdo te salta la sonrisa a la cara y esperas con ilusión al próximo día en el que compartas y aprendas  de los ángeles que sonríen.

Roberto y Marina

Gracias por haberme dado esta oportunidad.

Gracias por dejarme poner las alas unas horas a la semana, esas que vosotros tenéis fijas todos los días.

Gracias Antares.

Gracias mis ángeles que sonríen”.

Andrés Mínguez es voluntario de Antares.

Gracias a tí, Andrés, y a todas las personas que, como tú, de manera desinteresada, hacen posible estas sonrisas.

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