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Carmen y Bea este verano en Antares

Este verano hemos recibido la visita de dos personas muy especiales en Antares, dos antiguas técnicas, muy vinculadas a la Asociación, Carmen y Bea.

 

Por Arai Coronado 

A Carmen la conocemos como “Carmenfita” y Bea es para nosotros, “La Vega”, apodos que les pusieron nuestros chicos ANTARES en su paso por aquí, nada más y nada menos, que 7 años han estado trabajando con nosotr@s.

Carmen Delgado, madrileña y Psicóloga, especialista en ciencias de la salud y coordinadora de tiempo libre, fue responsable de las actividades de ocio y tiempo libre de las que disfrutan l@s usuari@s de ANTARES.

Beatriz Dionis, natural de Almería pero madrileña de adopción, abogada, politóloga y coordinadora de tiempo libre, fue responsable de voluntariado, formación y coordinadora de alumnos en practicas en la entidad.

Ambas finalizaron su periplo por ANTARES el pasado año y su despedida fue vivida por toda la comunidad ANTARES con alegría. Se fueron de manera voluntaria encaminadas a iniciar nuevos proyectos pero sin dejar de lado lo vivido con nosotr@s y aportando desde la distancia su granito de arena para la inclusión de las personas con discapacidad.

 ¿QUE OS LLEVÓ A TRABAJAR EN ANTARES?

Carmenfita.- Bueno, mientras estudiaba la carrera empecé a hacer un voluntariado que ofrecía la universidad y que consistía en apoyar a chicos con TEA en sus hogares para respiro de las familias. La experiencia me encantó, así que cuando vi una oferta de trabajo para una asociación de ocio con chicos con discapacidad, los fines de semana no me lo pensé. Era perfecto para compatibilizar con los estudios y encima en algo que ya sabía que me gustaba. Fui con tiempo a la entrevista y menos mal, porque me perdí para llegar “al chalet”. Allí me recibió Luis Alberto y dirigió mi entrevista. Tuve la suerte de ser admitida y comenzó mi gran experiencia. Ese mismo fin de semana empezaría ya con una actividad de día completo en el campo.

Bea y Carmen recordando buenos momentos pasados en Antares

Bea y Carmen recordando buenos momentos pasados en Antares

La Vega.- En mi caso fue todo circunstancial, de buenas a primeras cuando había terminado mis estudios y llegaba la hora de ponerse a trabajar, decidí que Almería era muy pequeño para mi y después de haber estado estudiando en una ciudad como Granada pensé que sería una buena opción irse a la capital. Un día vi en una página de ofertas de empleo que buscaban cuidadores de fin de semana en una asociación para personas con discapacidad. Desde el principio me pareció que podría ser una buena idea, no solo por el colectivo y lo que implicaba, sino también por conocer gente.

Patricia me hizo la entrevista y su primera pregunta fue que habiendo estudiado derecho y ciencias políticas ¿porque había decidido optar al puesto de cuidadora?. Después de una hora explicándole mis argumentos, creo que la convencí. Mi primer día fuimos al teatro Maravillas a ver Dora exploradora y estuve acompañando a Pablo. Lo recuerdo como si fuera ayer. Después vinieron muchos teatros, cines, parques, meriendas, conciertos, musicales, piscinas, magia, campamentos y fiestas, visitas culturales, helados, cumpleaños y un largo etc.

¿CÓMO FUE EL CAMINO HASTA IMPLICAROS DE ESTA MANERA?

Carmenfita.- Pues recuerdo que los primeros meses fueron muy muy intensos, de hecho más de una vez me planteé dejarlo. Pero era tan sumamente gratificante que al final siempre me compensaba seguir. El grupo en el que comencé era el 1, con los más pequeños, y eran 5 chicos: B., G., R., J. y P.. Mi primer contacto con los chicos sería pasar el día en el campo, ese día apoyaría a un niño tranquilo, precioso y sonrosado que me miró y me dio la mano en cuanto me acerqué a él en el punto de encuentro. El viaje en autobús fue muy tranquilo, pero nada más llegar todos salieron corriendo en cualquier dirección, ahí me di cuenta de que el día sería movidito (risas). Yo iba atenta a todos los chicos. Me llamó la atención una chica que no quería alejarse del parking porque al parecer le encantaban los coches, y su monitor con una gracia especial consiguió llevársela con el grupo. Al chico al que yo apoyaba hubo algo que no le cuadró y empezó a decirme cosas, yo no entendía lo que quería y se puso a llorar y a correr. La verdad es que pasamos los dos un día bastante regulero porque ni él conseguía lo que necesitaba ni yo conseguía calmarle. Después de horas de lloros y carreras estaba el pobre tan cansado que en uno de los momentos en los que nos pusimos a pintar en una hoja me miró unos segundos, se recostó sobre mi y se quedó dormidito. En ese momento sentí un vínculo super bonito con él, supe que quería pasar más tiempo con él.

Con el paso del tiempo he podido disfrutar de la compañía de todos los chicos de la Asociación, y con todos y cada uno de ellos he sentido esa conexión que es como un imán. Siempre tienes especial cariño a los chicos con los que más tiempo has estado, pero puedo acordarme de un millón de momentos especiales con cualquiera de ellos. Te lo pide el cuerpo.

Antares me fue ofreciendo más responsabilidades y con ello más posibilidades de implicarme también desde un punto de vista más organizativo. Esta parte también la agradezco mucho, ya que conociendo mejor a los chicos me permitía poder avanzar en su ocio con más conocimiento y luchar por las cosas que creía que les gustaría y les haría sentir bien.

Bea, en el Centro, junto a otros monitores en uno de los campamentos Antares

Bea, en el Centro, junto a otros monitores en uno de los campamentos Antares

La Vega.- La verdad que a veces muy duro, porque no todo son alegrías también hay desencuentros y subidas y bajadas. De cuidadora pasas a ser técnica y de técnica a responsable o coordinadora. Pero la implicación no solo viene del puesto en cuestión, el que seas coordinadora no lleva aparejada una mayor implicación. La implicación va en la persona y en lo que quieras aportar. Cuando estás trabajando para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad, tu implicación ha de ser total ya que en gran medida el que ellos disfruten mas de lo que están haciendo, depende de ti.

En mi caso, desde el primer momento sentí la necesidad de implicarme al 100%. A partir de ahí las cosas fueron viniendo solas. Cada logro es una experiencia maravillosa y ver como los chavales están cada vez más contentos con las actividades en las que participan, te hace creer más en el proyecto y en que lo estás haciendo bien y eso te lleva a querer mejorar cada día más Así es como te involucras en algo tan maravilloso como es esto.

¿QUÉ ES LO QUE MÁS OS MARCÓ DE VUESTRO PASO POR ANTARES?

Carmenfita.- Pues a fin de cuentas estás aquí por los chicos, ellos son los que te dan esas ganas de seguir. Siempre he dicho que donde de verdad Antares se hace sentir es en los “campas”. Allí estás tú con todo tu equipo y con todos los chicos. Es una vorágine, prácticamente todo el campa, de día y de noche, todo se vive con intensidad, los momentos buenos y los más duros. Eres la responsable de ellos, dependes de ellos y ellos de ti, y de verdad que tengo tantos recuerdos bonitos…

¡Los 7 años se me han pasado volando! También tengo muchos buenos recuerdos y guardo mucho cariño para todos los compañeros con los que a lo largo de los años he coincidido, igualmente se forman fuertes lazos. Muchas cañas después de las actividades para rememorar lo bueno del día o para expulsar las lágrimas de momentos tensos. He de decir que aunque no mantenga contacto con todos ellos, ya que es mucha gente importante la que ha pasado durante estos años, les recuerdo y tengo ese cariño especial que va mucho más allá de simples compañeros.

He de mencionar la relación con las familias, esas lecciones de vida que me han dado sin darse cuenta, esa otra forma de ver las cosas, de luchar. Esa forma de mimarnos, de confiar en nosotros y de agradecernos, que aunque entiendo que no tenían necesidad, siempre me daban fuerza. Aunque el tiempo pasado con ellos siempre era menos, siento que han sido un gran pilar en mi paso por Antares y les tengo un cariño increíble.

Y bueno, para terminar, cuando di el paso a trabajar también desde la oficina, se abrió ante mí otro mundo no menos complicado ni gratificante. También esta etapa dejará una bonita marca en mí, donde todo es igual de posible que de imposible, muchas horas de quebraderos de cabeza acompañada, por suerte, de grandes profesionales y compañeras a las que, obviamente, también cogí mucho cariño. Mi agradecimiento a ellas por toda la ayuda y apoyo.

Equipo Antares

Carmen con otros miembros del equipo

La Vega.- Sin lugar a dudas la experiencia de compartir mi tiempo con todas y cada una de las personas con discapacidad que he llegado a conocer. En segundo lugar, el equipo, de todos se aprende y con todos experimentas cosas maravillosas, sobre todo en los campamentos. Durante 7 años, llegas a compartir mucho mucho tiempo con el equipo de profesionales, voluntarios y alumnos en prácticas. Llegas a tener buenos y grandes amigos y es que imagínate lo que significa, año tras año, mes a mes, pasar periodos de convivencia total 24 horas al día con personas que quieren lo mismo que tú y es que los chicos disfruten al 200%. Esas reuniones de evaluación cada noche de campamento y esas reuniones de última noche en las que más de una vez no hemos podido evitar ponernos todos a llorar de alegría, de poder agradecer a quienes nos han acompañado en la correspondiente aventura y estar orgullosos del trabajo bien hecho y de la amistad lograda.

¿CÓMO FUE LA DESPEDIDA?

Carmenfita.- Bueno, pues un poco “de estrangis”. Soy algo vergonzosa y además las despedidas me ponen triste así que las suelo evitar. Los últimos días me despedía mentalmente de todos e incluso de todo, sentía el final de una etapa preciosa de mi vida, pero me reconfortaba saber que seguirían allí siempre que quisiera volver a verlos.

Aprovecho desde aquí, que es más fácil, para decir que aunque no me despidiera de todo el mundo o fuera una despedida de “ya nos veremos”, recuerdo siempre a todos los chicos, familias y compañeros, les tengo un cariño muy especial, les deseo siempre lo mejor, y sé que volveremos a vernos!

La Vega.- Pues como toda despedida muy muy triste, demasiado. Pero cuando las cosas las haces por decisión propia y por un objetivo concreto (actualmente vivo en Escocia), pues como que se llevan mejor.

Lo positivo, que ahora puedo venir cuando me da la gana y sentir que sigue siendo mi casa, o por lo menos yo lo veo así. Siempre que regreso por España (por cuestiones personales y profesionales es muy a menudo), intento venir un día antes para pasarme a ver a todo el mundo, soy una freak lo se pero es lo que me apetece hacer.

Foto de grupo, parte de la Comunidad Antares

Foto de grupo, parte de la Comunidad Antares

Las diferentes familias llegan a ser parte de la tuya y habiendo sido una decisión personal, me sentiría fatal si no viniera a verles y charlar un rato. Siempre da morriña.

Han sido muchos retos a conseguir y cada uno de ellos está en mi cabeza como si fuera ayer. La primera vez que entré en el chalet, mi primer campamento, mi primer día como TIS, mi primera ponencia como formadora, mi primera entrevista a un voluntario, mi primera visita a…

Y un sin fin de primeras veces que llegan a convertirse en tu rutina y que te encanta, pero… a veces, se tienen que tomar decisiones y cuando empiezas a dar esos abrazos de despedida todo se te viene a la cabeza y zasca… A llorar como una magdalena.

Yo me considero ANTARES, ahora desde otra posición y siempre estará todo lo que ello implica muy presente en mi.

Después de charlar con nuestras compañeras, lo que nos queda claro es el cariño que se tienen y que le tienen al resto de técnicos, técnicas, coordinadores y coordinadoras que continúan su trabajo dentro de la entidad. Se les cambia la cara al recordar su paso por aquí y demuestran que el vínculo creado no se rompe por mucho tiempo que pase o por los kilómetros que nos separen.

Compartir es vivir y ellas han llevado al extremo este lema y se sienten orgullosas de ello.

Por Arai Coronado

Técnica de integración social de ANTARES, Asociación de recursos.

 

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